miércoles, 17 de junio de 2015

Premian a un argentino por crear un refugio móvil para los sin techo

 

Tres dimensiones.

Un arquitecto ganó un premio en los EE.UU. por su original refugio para gente en situación de calle, hecho sobre un carrito de supermercado. Pero generó polémica. FOTOGALERÍA EN HD

Para dormir. El arquitecto Eduardo Lacroze muestra las cualidades de su refugio rodante.

Para dormir. El arquitecto Eduardo Lacroze muestra las cualidades de su refugio rodante.

El arquitecto Eduardo Lacroze, del estudio argentino Lacroze-Miguens-Prati, acaba de ganar un premio en los Estados Unidos por su Refugio Rodante, una solución transitoria para los sin techo. La distinción fue otorgada por el prestigioso Instituto de Arquitectos Americanos y por Mad Housers, una asociación sin fines de lucro dedicada a solucionar los problemas de los homeless yankies. Sin embargo, la iniciativa del argentino no está exenta de polémicas. Para muchos, un refugio temporario no hace más que condenar a los pobres a su vida en la calle.

El “Rolling Shelter” de Lacroze podría funcionar perfectamente también en Buenos Aires, donde, según la organización Médicos del Mundo, ya en 2012 existían más de 1.200 personas durmiendo en la calle. Manuel Lozano, de la Fundación Sí asegura que el número ronda las mil personas pero que la gente que está en situación de calle es mucha más.

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“A los que efectivamente duermen en la vereda habría que sumarle los que están en “paradas”, albergues, hoteles o tienen un subsidio habitacional. Personas con soluciones precarias de vivienda que engrosan el mundo de los en situación de calle”, afirma. Según las organizaciones solidarias que trabajan el tema, la cantidad de sin techo en Buenos Aires crece día a día. Así y todo, la situación es peor en los Estados Unidos y se ha convertido en un problema mundial.

El Refugio Rodante de Lacroze se desarrolla alrededor de uno de esos típicos carritos de compras que se usan en los supermercados, como si fuera una enorme mochila que se carga en el carro. Cuando se traslada, el refugio permanece plegado sobre el carrito y colgando sobre sus costados. Cuando se estaciona, uno de sus lados se expande generando el lugar de dormir.

La vivienda rodante está construida con paneles de plástico reforzado con celdas de aire en su interior que mejoran el aislamiento térmico. Por dentro, la cama se soluciona con una especie de colchoneta mullida como la que se usa en campamentos. “La virtud del Rolling Shelter es que resuelve en un solo elemento el techo y un lugar de guardado de la persona en situación de calle”, explica Lacroze, quien espera bajar el costo del artefacto mediante la donación de los carritos de parte de algún supermercado. El refugio móvil cuesta unos 500 dólares por unidad.

Además, el arquitecto está gestionando ayuda gubernamental en los Estados Unidos para construir varias de estas unidades y ponerlas en la calle. “Se podría organizar un sistema como el de las bicicletas. La gente podría sacar el refugio cuando lo necesita y devolverlo cuando no”, explica.

Los sin techo son un síntoma de la segregación en todas las grandes ciudades, producto de un marginamiento económico y social que parece insoluble. Las causas por las que tanta gente vive en la calle son múltiples y complejas: adicciones, abuso o maltrato familiar, pobreza extrema y abandono parecen ser las principales; en todas, el afectado perdió su red de contención social y familiar.

La solución de Lacroze no está exenta de polémica, muchos sostienen que sistemas como este, el de los refugios móviles, prolongan la situación del sin techo y no resuelven el problema de fondo. Pero Lozano es más comprensivo: “Que alguien se haya puesto a pensar en cómo mejorar las condiciones de la gente que vive en la calle ya me pone contento”, asegura. El arquitecto argentino defiende su proyecto afirmando que ha sido criticado de promover una situación que no debería existir. “Eso es equivalente a acusar a un médico porque corta una hemorragia primero en lugar de solucionar las causas que la produjeron”, explica.

Después de ganar el premio, Lacroze se propuso conseguir un subsidio para desarrollar un prototipo industrializarle e interesar a los empresarios. “Las organizaciones de base, como la Mad Housers que encargó el proyecto, son muy escépticas con respecto a lo que puedan hacer las instituciones (gobierno) y las corporaciones (empresas). Nuestro empeño pasa por construir un puente entre ellos”, se entusiasma.

Lo que más interesó del proyecto del argentino es la imagen de contenedor que transmite el carácter de móvil y provisorio de la solución. En el jurado que otorgó el premio había arquitectos, industriales y homeless. “Ellos vieron al refugio más parecido a una valija que a una casa, como algo más accesible, algo que podían cuidar y transportar. Un primer paso hacia una solución definitiva”, dice Lacroze.

* Editor Adjunto ARQ

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